Mercedes Blanchard, Profesora Titular jubilada de la Facultad de Formación de Profesorado de la UAM y actualmente Profesora Honoraria.

“Cada persona tiene un resorte, que siempre que se toca da resultado. Un recuerdo, que cuando se evoca produce efecto. Y hasta una actitud, que cuando se adopta produce reacción. ¿Habéis utilizado todos estos recursos?”. P.P.

¿Qué ayuda a crecer a un niño, a una niña, a un adolescente en la familia y en el colegio? No basta con que tenga a su lado adultos que explican, corrigen o dan respuestas. Crece mejor cuando vive dentro de una red de relaciones que le sostiene, le orienta y confía en sus posibilidades. Por eso, acompañar el crecimiento de los alumnos y de los hijos es una misión compartida entre la familia, el centro educativo, los educadores y los iguales. y esa red amplia y plural acompaña, cuando crea confianza, cuida los vínculos, sostiene los procesos y ayuda a cada persona a encontrar su lugar y su identidad. También los compañeros acompañan y aprenden a crecer juntos en el trabajo cooperativo, en la tutoría entre iguales o en la ayuda mutua. En definitiva, cuando familia y profesorado colaboran, son referentes decisivos.

En los centros de la FEAG, el acompañamiento es una clave educativa y una manera de
entender la educación que pone en el centro el crecimiento de toda la persona, y lo hace desde un humanismo cristiano que cree en cada alumno como único, valioso y en proceso.  Decía Pedro Poveda:

“No comencéis por pedirles, sino por daros”.

Solo desde esa entrega es posible acompañar de verdad.

No se trata solo de que el alumno aprenda más, sino de que crezca mejor y de manera más integrada, construyendo confianza, autonomía, iniciativa, responsabilidad e identidad. Son dimensiones que Erikson (1902-1994) describe en su teoría del desarrollo psicosocial y que actúan como brújula para saber hacia dónde y cómo dirigir el proceso de crecimiento. Y que se aprenden, sobre todo, como a andar en bicicleta, cuando se pueden experimentar, cuando se viven.

La confianza nace y se desarrolla en la primera infancia y el niño lo vive: “existo, alguien cuida de mí, soy importante para alguien”. Desde esa seguridad crece la autonomía. Un niño se atreve a hacer cosas por sí mismo cuando encuentra a su lado un adulto que le dice: “inténtalo, yo estoy aquí”. La autonomía no se impone; se
cultiva con paciencia, reconocimiento, oportunidades y apoyos reales.

Más adelante, en la segunda infancia, aparece el desarrollo de la iniciativa: “puedo aprender, puedo actuar, puedo hacerme cargo de mí”. Para ello, hacen falta enfrentar responsabilidades adecuadas, posibilidad de equivocarse y adultos que no retiren el vínculo cuando llega el error. El mensaje educativo no debería ser: “hazlo todo perfecto”, sino: “confío en ti y estoy cerca para ayudarte a aprender”.

En la adolescencia cobra especial fuerza la identidad. El hijo o el alumno necesita
diferenciarse, decir lo que piensa, contrastar modelos, descubrir quién es.

Acompañar el crecimiento de la identidad con mirada positiva significa transmitir: “puedes ser tú, aunque no seas como yo esperaba”. Sin este permiso, la identidad se construye a escondidas o en oposición. Pedro Poveda lo expresaba con hondura:

“Tú has de ser siempre tú, aunque mejorando el tú tuyo…”.

La herramienta fundamental del acompañamiento es el diálogo. No un monólogo en la que el adulto lo ocupa todo con explicaciones, ejemplos propios o respuestas cerradas.

Acompañar es preguntar de tal manera que la persona pueda pensar, nombrar lo que vive y buscar dentro de sí, en diálogo con la realidad, con sus posibilidades y con quienes le educan. A veces una buena pregunta abre más camino que muchas respuestas.

Recuerdo una conversación con Ángeles Galino en la que me dijo: “Me interesa lo que tú me cuentes, lo que has vivido”. Es una frase sencilla, pero honda. Pone en el centro a la persona concreta, su experiencia y su verdad. Y enlaza con la tradición povedana: conocer, escuchar y acompañar de cerca la vida de las alumnas. Educar es eso: estar cerca para que cada persona pueda llegar a ser ella misma, con otros y para otros.

Para saber más:

  • Erikson, Erik H. (1983). Infancia y sociedad. Ediciones Paidós.
  • L’Ecuyer, Catherine (2021). Conversaciones con mi maestra. Espasa.
  • Poveda, Pedro (2016). Obras. Vol. II: Ensayos y proyectos pedagógicos. Narcea.
  • Rogers, Carl (1961). El proceso de convertirse en persona.
  • Paidós. Toro, José María (2005). Educar con co-razón. Desclée de Brouwer