El Congreso Intercentros 2026 de la Fundación Educativa Ángeles Galino nació como algo más que una cita en el calendario. En Los Negrales, profesoras, profesores, equipos directivos, miembros del Equipo de Titularidad, Patronato y profesionales de los distintos centros se reunieron para compartir una misma misión educativa y seguir construyendo juntos el futuro de la Fundación.

En sus palabras de inauguración, Loli Muzas puso voz al sentido profundo de este encuentro: agradecer el camino recorrido, reconocer el trabajo realizado por los claustros durante el curso y abrir un espacio común para seguir pensando la educación desde dos dimensiones inseparables: la identidad y la innovación.

Para Loli, este Congreso no comenzaba de cero. Era la continuación de un proceso vivido a lo largo del curso 2025-2026, en el que los centros de la FEAG han trabajado sobre los elementos fundamentales de su identidad, preguntándose qué significan hoy en la vida diaria de los colegios, en la manera de educar, de acompañar a los alumnos, de relacionarse con las familias y de trabajar en equipo.

Desde esa mirada, la identidad no se entiende como algo estático ni como una simple referencia al pasado. Es, como expresó Loli, una forma de “beber de la fuente para poder seguir caminando”. Una identidad viva, que no se reduce a un logo, un lema o unos documentos, sino que se concreta cada día en la forma de mirar, cuidar, enseñar y comprometerse con la realidad educativa y social.

Precisamente por eso, hablar de identidad lleva necesariamente a hablar de innovación. El lema del Congreso, Identidad-Innovación, recoge esa convicción: para la Fundación Educativa Ángeles Galino, innovar no significa solo hacer cosas nuevas, incorporar metodologías vistosas o seguir tendencias educativas. Innovar es mirar con profundidad el presente, atender a las necesidades reales del alumnado y buscar respuestas capaces de transformar la sociedad desde la educación.

En este sentido, Loli recordó una frase de Pedro Poveda que ha acompañado el trabajo de reflexión de los centros durante este curso: “Yo, que tengo la cabeza y el corazón en el momento presente…”. Una expresión que resume el espíritu del Congreso: educar con inteligencia y con ternura, con esperanza y compromiso, manteniendo las raíces y, al mismo tiempo, siendo capaces de responder a los desafíos actuales.

El Congreso se planteó, por tanto, como una invitación a preguntarse qué tipo de innovación necesita hoy la escuela. Qué propuestas ayudan realmente a los alumnos a pensar mejor, a crecer por dentro, a desarrollar sentido crítico, creatividad y compromiso. Qué caminos fortalecen la inclusión, el cuidado, la justicia y la fraternidad. Y qué formas de trabajo ayudan también al profesorado a educar con más sentido, con más conciencia de equipo y en coherencia con el Carácter Propio y el Marco Educativo de la Fundación.

Pero el encuentro no fue concebido únicamente como un espacio para escuchar. En palabras de Loli, los participantes acudían también a aportar, a compartir la riqueza que se genera cada día en los centros y a aprender unos de otros. Cada colegio llega con su historia, su realidad, sus propuestas y sus búsquedas. Y esa singularidad, lejos de diluirse, es una riqueza que la Fundación quiere cuidar y potenciar.

Al mismo tiempo, el Congreso quiso fortalecer la conciencia de pertenencia a una misión común. Caminar como Fundación significa compartir preguntas, buscar juntos algunas respuestas, ayudarse en lo que resulta más difícil y celebrar aquello que se va descubriendo en el camino. Por eso, este encuentro fue también una oportunidad para estrechar lazos entre centros y reforzar la certeza de que ninguno camina solo.

La elección de Los Negrales como sede añadió un significado especial al Congreso. Para quienes forman parte de la escuela de Poveda, este lugar es memoria, formación, encuentro y búsqueda. Un espacio que conecta con una historia educativa en la que fe y cultura, pensamiento y acción, vocación y profesionalidad han caminado siempre de la mano.
Desde ese legado, Loli invitó a mirar los centros con verdad: reconocer todo lo que ya se está haciendo bien, atreverse a cambiar aquello que necesita ser transformado e imaginar juntos líneas prioritarias de innovación que puedan convertirse en proyectos concretos, sostenibles y evaluables.

Más allá del trabajo previsto durante esos días, sus palabras apuntaron a una experiencia más profunda: vivir el Congreso como una experiencia compartida de pertenencia. Que cada persona pudiera sentir que forma parte de algo que merece la pena. Que su centro no está solo. Que lo que se hace cada día tiene sentido. Y que es posible abrir caminos nuevos sin perder las raíces.

El Congreso Intercentros 2026 se inició así con gratitud, esperanza e ilusión. Con la voluntad de escuchar, dialogar y dejarse interpelar por lo que otros centros están viviendo. Y con una convicción renovada: la educación recibida como herencia sigue teniendo futuro si somos capaces de hacerla vida hoy.

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