Mercedes Blanchard
Profesora Titular jubilada de la Facultad de Formación de Profesorado de la UAM y actualmente Profesora Honoraria.

“Yo que tengo la cabeza y el corazón en el momento presente”. P. Poveda

 

¿Cómo acompañar a niños, adolescentes y jóvenes para que aprendan a mirar el mundo, pensar con criterio y comprometerse con los demás?

Acompañar el crecimiento de una persona no puede hacerse al margen del mundo en el que vive. Nuestros alumnos, hijos e hijas, crecen en una sociedad compleja, acelerada y cambiante. Viven rodeados de pantallas, mensajes contradictorios, presión por rendir, fragilidad emocional y modelos de éxito muchas veces ligados al consumo, la imagen o la competitividad. Su mundo no es el mismo que vivieron sus padres ni sus profesores a su edad.

Acompañar hoy también significa ayudarle a observar y comprender lo que sucede a su alrededor: en la clase, en el grupo de amigos, en las redes, en la familia, en el barrio y en la vida cotidiana. Y necesita abrir la mirada a la realidad amplia, al mundo, y preguntarse: ¿qué está pasando?, ¿por qué sucede?, ¿a quién afecta?, ¿qué puedo hacer yo?

Este acompañamiento se vuelve especialmente necesario en su universo de relaciones. Ahí tienen la oportunidad de aprender a mirar lo que sucede, a distinguir lo justo de lo injusto, a reconocer el daño y a contrastar sus decisiones con los derechos humanos, con valores, con criterios de verdad, de lógica y de respeto a la dignidad de cada persona. Porque acompañar no es evitar todos los conflictos. Es ayudar a vivirlos y a integrarlos.

Acompañar es ofrecer promover experiencias educativas que impulsen el desarrollo moral (Kolberg, 1927-1987)[1] donde puedan pensar, valorar, elegir y decidir.

Este desarrollo moral es especialmente necesario en un tiempo marcado por la polarización y la postverdad, donde se piensa desde bandos enfrentados: los míos y los otros, los buenos y los malos, los que tienen razón y los que no merecen ser escuchados, donde no siempre importa lo verdadero, sino lo que emociona, convence o se repite muchas veces. Un rumor puede circular antes de ser comprobado; una noticia falsa puede provocar miedo o rechazo; una opinión puede presentarse como si fuera un hecho.

Ante este contexto, acompañar educativamente significa formar conciencia crítica para que aprendan a pensar con rigor, a buscar la verdad, a contrastar fuentes, a hacerse preguntas y a no dejarse arrastrar por discursos simplistas. Esta conciencia se educa en situaciones concretas: cuando revisamos con ellos una noticia dudosa, analizamos un comentario ofensivo o nos preguntamos qué daño produce una burla.

Familias y profesorado necesitamos formarnos en comunicación, mediación y resolución de conflictos, pensando que el conflicto, siempre y de modo singular en las edades específicas de crecimiento, es una oportunidad para aprender a comprender, dialogar y reconstruir la relación.

También acompañamos cuando educamos para el bien común porque nadie se construye solo. Por eso, crecer como persona es también crecer como ciudadano: descubrir que las propias decisiones tienen consecuencias y que cada uno puede contribuir a mejorar la realidad social desde su vivencia de los valores evangélicos. El trabajo cooperativo, la tutoría entre iguales, los proyectos de aprendizaje-servicio, los debates orientados, la lectura crítica de la actualidad, el cuidado de los más vulnerables y la reflexión sobre el uso de la tecnología son buenas estrategias para aprender el diálogo, la ciudadanía y el compromiso.

Como planteaba Joaquín García Roca (1994), para educar es necesario no proyectar sobre los más jóvenes esquemas adultos o pasados, más bien se trata de comprender los dinamismos que sostienen sus modos de vida. Quienes crecen ahora no son una prolongación nuestra. Acompañar exige mirar su realidad con respeto, atención y deseo de comprender.

Acompañar, en tiempos complejos, es ayudar a cada persona a descubrir quién es, para qué está en el mundo y cómo puede contribuir a hacerlo más humano. Es educar la mirada para ver, la conciencia para discernir y el compromiso para transformar.

Para aprender más

García Roca, J. (1994). Las constelaciones de los jóvenes: síntomas, oportunidades, eclipses. Cuadernos Cristianisme i Justícia, 62.

Meirieu, Philippe (2006). Carta a un joven profesor: por qué enseñar hoy. Graó

Pedro Poveda, Obras, Vol. I, Creí, por esto hablé, Narcea, Madrid, 2005.

Power, F. C., Higgins, A., & Kohlberg, L. (1997). La educación moral según Lawrence Kohlberg. Barcelona: Gedisa.

[1] Es interesante educativamente su Teoría del Desarrollo Moral, así como su programa de desarrollo moral, a través de dilemas morales, que favorecen el tránsito por tres etapas: preconvencional, convencional y postconvencional que sitúa a la persona en el respeto a los derechos humanos y le provee de Principios Éticos Generales.

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